Durante la vida, varios de nuestros viajes son planeados. Es decir, nos tomamos el tiempo necesario para investigar opciones (de rutas, alojamiento, transporte, etc.), evaluarlas y elegir la más viable. Pero también existen los viajes inesperados. Aquellos que no prevemos llevar a cabo, pero que suceden en el momento preciso. Esos viajes que disfrutamos al máximo, igual que los demás, pero que nos dan una satisfacción mayor porque conocemos un lugar que no planeábamos visitar anteriormente. Quizá lo inesperado no es solo el punto de llegada. Sino las experiencias vividas, la grata compañía, los hallazgos realizados, lo aprendido y no aprendido, las historias escuchadas, las metidas de pata o la nueva pieza que coleccionamos de ese momento. Y de eso trata todos nuestros años. Mas que viajes planeados, la suma de todo nuestro recorrido resulta ser un viaje inesperado.
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